Donald Trump y Jair Bolsonaro debilitaron las defensas sanitarias de América Latina contra la COVID-19

Donald Trump y Jair Bolsonaro debilitaron las defensas sanitarias de América Latina contra la COVID-19


Recuerda que pensó que era “¡como pan caído del cielo!”.

Pronto, Costa descubrió a Ramona Matos Rodríguez, una médica cubana que había desertado a Miami de una misión en Brasil, y la ayudó a convertirse en la principal demandante en un proceso judicial que acusa a la Organización Panamericana de la Salud de trabajo forzoso y trata de personas.

En un expediente judicial, los abogados de la organización dijeron que las acusaciones eran “extremadamente inexactas” y que “casi no se parecían a la realidad”. Los expertos dicen que la demanda es, en el mejor de los casos, una posibilidad remota pero, en términos políticos, tuvo un gran impacto.

Sin esperar un fallo judicial, Costa, quien es fundador de la Fundación para los Derechos Humanos en Cuba, con sede en Miami, llevó la demanda a la atención de sus poderosos amigos en el Congreso y la Casa Blanca. “Es simplemente despreciable lo que les están haciendo a estos pobres médicos”, dijo el senador Rick Scott, republicano por Florida, en una entrevista el mes pasado.

Citando las acusaciones, el Departamento de Estado presionó a Ecuador, Bolivia y El Salvador hasta que el año pasado expulsaron a más de mil trabajadores médicos cubanos.

Pero el golpe más grande lo recibió la Organización Panamericana de la Salud.

A menudo se le conoce como el brazo regional de la Organización Mundial de la Salud, pero tiene décadas de antigüedad y recibe mucha más financiación de los Estados miembro. Los expertos en salud pública atribuyen a ese organismo la erradicación de la viruela, la poliomielitis y el sarampión en América Latina, mucho antes de que fueran eliminados de África y Asia.

El gobierno de Trump se centró intensamente en los vínculos de la organización con Cuba, a pesar de que su relación con los médicos de ese país había terminado aproximadamente un año antes, cuando abandonaron Brasil. Estados Unidos dejó de pagar sus cuotas anuales de 110 millones de dólares, más de la mitad del presupuesto básico de la agencia. El gobierno de Bolsonaro también congeló el pago de sus cuotas de 24 millones de dólares. Bolsonaro y su personal se negaron a hacer comentarios para este artículo. John Ullyot, portavoz del Consejo de Seguridad Nacional, defendió la suspensión del financiamiento estadounidense como un paso importante “para exigir la rendición de cuentas de todas las organizaciones internacionales de salud que dependen de los recursos de los contribuyentes estadounidenses”.



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