Elecciones en El Salvador: Bukele podría consolidar su poder

Elecciones en El Salvador: Bukele podría consolidar su poder


CIUDAD DE MÉXICO — En sus primeros dos años en el cargo, el presidente de El Salvador envió soldados al recinto legislativo de su país, desafió las órdenes de la Corte Suprema, publicó fotos de pandilleros semidesnudos y apretujados en el suelo de una prisión y desplegó al ejército para detener a quienes violaran la cuarentena.

Los salvadoreños lo adoran. Se espera que Nayib Bukele, que goza de una tasa de aprobación de alrededor del 90 por ciento en las encuestas, extienda más sus facultades en las elecciones legislativas del domingo, que podrían entregarle una victoria decisiva a su partido.

La votación también podrían dotar a Bukele de amplios poderes adicionales: el control de una legislatura hasta ahora dominada por la oposición, así como la oportunidad de cambiar la Constitución y, posiblemente, replantear el gobierno a imagen suya. Si el partido y sus aliados ganan dos terceras partes de las curules, pueden reemplazar al fiscal general y nombrar nuevos jueces en la Corte Suprema.

En una entrevista, el vicepresidente de Bukele, Félix Ulloa, reconoció que algunas de las acciones del presidente han sido cuestionables.

“El presidente ha tenido algunos exabruptos”, concedió Ulloa, “pero que pueden entenderse como tales, como exabruptos, como errores y no como una tendencia, como una actitud, como el nacimiento de una nueva dictadura”.

La tendencia de Bukele hacia la confrontación será atemperada, dijo Ulloa, cuando cuente con una legislatura que no esté decidida a bloquear su agenda. Invitó al mundo a medir al presidente según cómo gobierne tras las elecciones.

“Vamos a poder evaluar cuál es el verdadero carácter de este gobierno, sea un gobierno democrático y que estaba en función de los intereses del pueblo salvadoreño”, dijo Ulloa. “Si, por el contrario, lo que se ha estado denunciando de que el presidente es autoritario, que quiere concentrar todo el poder y que quiere imponer un modelo antidemocrático, pues también va a salir a la luz”.

En parte, lo que llama la atención de Bukele es su enfoque, que solo puede describirse como extremadamente online. El presidente, que tiene 39 años y se ha presentado como un outsider, deleita a sus seguidores al trolear a sus enemigos en Twitter y disfrutar de sus triunfos en TikTok. Emplea las redes sociales para criticar a la prensa de El Salvador, atacar al fiscal general y declarar su renuencia a atenerse a las órdenes de la Corte Suprema.

Y a pesar de que Bukele ha ayudado a El Salvador a controlar la propagación del coronavirus mejor que muchos de sus vecinos, también ha suscitado condena internacional por parte de grupos de derechos humanos debido a sus desplantes de hombre fuerte y las medidas represoras que ha implementado durante la pandemia.

El año pasado, envió soldados al recinto legislativo a intentar presionar a los congresistas para que aprobaran un préstamo destinado a financiar a los cuerpos de seguridad. (El vicepresidente Ulloa dijo que eso había sido “un error”).

Bukele también empleó a la policía y soldados para detener a quienes rompieran la cuarentena en los llamados centros de contención, y luego desestimó varias órdenes de la Corte Suprema para dar marcha atrás a esa medida. Y ha generado amplias críticas por publicar fotos de reos apiñados en ropa interior.

Los críticos temen que, si gana control irrestricto del país tras las elecciones del domingo, se limitará aún menos.

“El temor es que concentre los poderes del estado. No habrá independencia judicial o legislativa verdadera y no habrá forma de limitar su poder”, dijo Mari Carmen Aponte, embajadora de Estados Unidos en El Salvador durante la gestión de Obama.

La relación de Bukele con la gestión de Biden no comenzó con el pie derecho. En febrero, la Associated Press reportó que el presidente de El Salvador había volado a Washington y pedido reunirse con integrantes del nuevo gobierno pero fue desairado.

El incómodo episodio dejó en evidencia el desafío que la victoria de Biden supone para líderes como Bukele.

Con el gobierno de Trump, el manejo de la relación con Estados Unidos era claro: mientras Bukele y sus colegas en Centroamérica hicieran valer la agenda migratoria de Trump, podían esperar poca interferencia por parte de su vecino del norte cuando llevaran a cabo acciones más atrevidas en el ámbito nacional.

Los nuevos ocupantes de la Casa Blanca han enviado un mensaje muy distinto. Días después de la toma de mando de Biden, el máximo asesor del presidente en cuestiones de América Latina, Juan Gonzalez, ofreció una evaluación franca en una entrevista con El Faro.

“Tendremos nuestras diferencias con el Gobierno de Bukele”, dijo Gonzalez. “Nuestras preocupaciones las manifestaremos en un contexto de respeto y de buena voluntad”

La preocupación en torno a Bukele se ha hecho sentir en Washington al quedar claro el buen desempeño que podría tener su partido en las elecciones del domingo.

“He aquí un tipo que no ha respetado las normas democráticas básicas y le das poder sin contrapesos”, dijo en una entrevista Dan Restrepo, exasesor de Obama. “El poder sin contrapesos casi nunca acaba bien en la región y la inestabilidad solo puede aumentar la presión migratoria, lo que no le conviene a nadie”.

Para los salvadoreños, acostumbrados a generaciones de líderes políticos que hacían falsas promesas democráticas mientras se enriquecían a costa del erario público, las transgresiones de Bukele no parecen importar demasiado.

El presidente ha evitado una inundación de casos de coronavirus en los hospitales y ha repartido ayudas en efectivo a los salvadoreños pobres para aliviar las penurias de la crisis económica provocada por la pandemia. Y aunque los medios locales han informado que la dramática caída en homicidios bajo el gobierno de Bukele ha sido consecuencia de un pacto con las pandillas, muchos salvadoreños simplemente están felices de tener un respiro de la violencia.

“Puede escribirse de los peligros de Bukele, pero la razón por la que eso no tiene eco en la población es que dicen ‘¿Y eso cómo me da de comer? ¿Cómo disminuye la criminalidad?”, dijo Tim Muth, que ha sido observador electoral en El Salvador y tiene un blog sobre la política del país.

“Al final, el pueblo salvadoreño puede decidir que está bien”, agregó, “porque él les está cumpliendo ciertas cosas”.

En Chalatenango, un pequeño pueblo al norte de la capital, los simpatizante de Bukele estaban entusiasmados ante la posibilidad de que el presidente consolidara su poder y el declive de los partidos políticos que gobernaron el país durante décadas.

“La gente se despertó y se dio cuenta de lo que había estado viviendo en todos estos años. Ya no más. Queremos cambio”, dijo Armando Gil, un vendedor de autos de 59 años.

Gil había sido toda la vida partidario del izquierdista Frente de Liberación Nacional Farabundo Martí, pero quedó inconforme tras los repetidos escándalos de corrupción de “gente que nos engañó”.

Votó por Bukele en 2019 y cree que los opositores del presidente están frustrados porque no lo pueden controlar.

“No está trabajando para la pequeña minoría que siempre ha manejado y dominado nuestro país”, dijo Gil. “Eso es lo que no les gusta”.

Nelson Rentería Meza colaboró con reportería desde Chalatenango, El Salvador.




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