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Uno de los retos más importantes de la COP28: la desinformación

Uno de los retos más importantes de la COP28: la desinformación


Mientras los líderes mundiales se reúnen esta semana en una importante cumbre para debatir formas de hacer frente a los efectos del calentamiento global, uno de los mayores obstáculos a los que se enfrentan es la desinformación.

Entre las mayores fuentes de información falsa o engañosa sobre el clima mundial, según un informe publicado esta semana, se encuentran algunas naciones influyentes, incluyendo a Rusia y China, cuyos diplomáticos asistirán. Otras fuentes de desinformación son las empresas que extraen combustibles fósiles y los provocadores en línea que ganan dinero compartiendo afirmaciones acerca de que el calentamiento global es un engaño.

Difunden falsedades diversas y a menudo desmentidas: los seres humanos no son responsables del cambio climático; los recientes incendios forestales fueron provocados a propósito y no fueron causados por condiciones más cálidas y secas; el mundo se está enfriando; los gigantes del petróleo y el gas están liderando la carga hacia la neutralidad del carbono, y las advertencias sobre el medioambiente son una excusa para que las élites autoritarias desestabilicen el mundo en desarrollo y obliguen a toda la población a encerrarse y a llevar una dieta de insectos y alimentos cultivados en el laboratorio.

Según los expertos, sus esfuerzos ya han erosionado considerablemente la presión pública y la voluntad política necesarias para evitar un futuro funesto.

Jennie King, autora de un nuevo informe de Acción Climática Contra la Desinformación, una coalición internacional de más de 50 grupos de defensa del medioambiente, afirmó: “Lo que ha cambiado radicalmente es la importancia que han adquirido en la vida pública la mala información y la desinformación sobre el clima”.

Según los expertos de la coalición, las afirmaciones infundadas han aumentado las teorías conspirativas, las divisiones sociales y el acoso. El informe señaló una “alarmante movilización hacia la violencia” contra quienes están relacionados con el trabajo sobre el cambio climático, entre ellos meteorólogos españoles que informaron sobre el clima extremo de primavera y, luego, se enfrentaron a ominosas amenazas y acusaciones de que eran “asesinos”.

La campaña contra una acción significativa para frenar las emisiones está impulsada por un ecosistema con “extrañas lealtades informales y solapamientos” entre países, empresas y personas, todos ellos con agendas y motivaciones dispares, pero unidos en su deseo de desacreditar la amenaza del cambio climático, afirmó King.

“En realidad se trata de la normalización de la desinformación, más que de su volumen”, afirmó King, quien dirige la unidad de inteligencia de la coalición en la cumbre. “Eso es lo que más me preocupa: la gran atracción y la resonancia emocional que parece tener este tipo de contenido”.

Los investigadores esperan que la desinformación y las caracterizaciones engañosas de los objetivos de la cumbre aumenten a medida que los delegados se reúnan en los Emiratos Árabes Unidos para la conferencia, conocida como COP28. Ya esta semana circularon por las redes sociales teorías conspirativas sin fundamento que afirmaban que los gobiernos estaban utilizando el cambio climático como pretexto para arrebatar tierras a los agricultores y provocar una escasez deliberada de alimentos.

Los Emiratos Árabes Unidos son uno de los principales exportadores de petróleo, menos conocido por sus compromisos climáticos que por el voraz consumo de recursos de su ciudad más poblada, Dubái. Este verano, un experto en desinformación de Catar descubrió al menos cien cuentas falsas en las redes sociales que defendían la ubicación de la cumbre y a su presidente, el ejecutivo petrolero emiratí Sultan al Jaber. Un documento interno reveló esta semana que los EAU planeaban utilizar su papel de anfitrión para buscar acuerdos sobre petróleo y gas en todo el mundo.

Según los investigadores, antes de la cumbre del año pasado, que se celebró en Egipto, aumentaron los contenidos en las redes sociales que promovían la negación del cambio climático. Este año, han seguido acumulando visitas y menciones de conocidos políticos y analistas. El contenido en ocasiones ha atizado los ánimos de los seguidores. Un informe de esta primavera del grupo de vigilancia Global Witness reveló que el 73 por ciento de los científicos del clima que aparecen regularmente en los medios de comunicación han sufrido acoso o abuso en internet como consecuencia de su trabajo.

Activistas climáticos como Greta Thunberg fueron atacados por los medios estatales chinos, los cuales la acusaron falsamente de haber pedido el fin del uso de palillos y la denunciaron y calificaron de “princesa sueca” después de que presionó para que China redujera más sus emisiones. RT, una cadena de televisión estatal rusa, se burló de Thunberg en marzo y la llamó “Doctora Gollum del clima” tras haber recibido un doctorado Honoris Causa de la Universidad de Helsinki.

E.U. Disinfo Lab, un grupo sin fines de lucro que estudia la desinformación, afirmó en un informe de este año que había encontrado docenas de sitios web activos en Europa y Estados Unidos que se centraban exclusivamente en la desinformación climática, una desviación “sorprendente” de la mayoría de los otros sitios web de desinformación, que tienden a compilar una mezcolanza de temas cuestionables.

Acción Climática contra la Desinformación descubrió que, en todos los meses transcurridos desde la COP27, la etiqueta #ClimateScam (fraude climático) generó más republicaciones y me gusta que #ClimateCrisis (crisis climática) y #ClimateEmergency (emergencia climática) en X, antes conocida como Twitter. La etiqueta apareció en mensajes de gran difusión que culpaban falsamente a migrantes de provocar a propósito los incendios forestales o repetían afirmaciones desacreditadas de que las cadenas de televisión estaban manipulando los mapas meteorológicos.

Los investigadores atribuyeron gran parte de la tracción de #ClimateScam a un pequeño grupo de cuentas influyentes que, según ellos, tendían a ser mucho más expresivas sobre el negacionismo climático en X que en plataformas como Facebook e Instagram. Una de las cuentas, que según los investigadores se había originado como un foro antivacunas en Telegram antes de pasarse al negacionismo climático en X este año, tenía solo unos cientos de seguidores cuando compartió su primera publicación sobre #ClimateScam en marzo; ahora, tiene más de 250.000.

Algunos de los sitios que difunden desinformación sobre el clima ganan dinero con la publicidad, una fuente de ingresos que, según los investigadores, es posible gracias a más de 150 intercambios publicitarios propiedad de algunas de las mayores empresas tecnológicas. Según el informe, los mercados, que en su mayoría utilizan subastas automatizadas para comprar y vender anuncios en línea, colocaron anuncios en al menos quince sitios web conocidos por albergar contenidos de negacionismo climático. De este modo, se burlaban de las políticas establecidas por muchos de los intercambios para bloquear la monetización de contenidos de negacionismo climático y otro tipo de desinformación.

Este otoño, anuncios de McDonald’s y L. L. Bean aparecieron junto a una columna de opinión que describía “un programa autoritario sobre el ‘cambio climático’” como “la implantación del socialismo con el pretexto de salvar el planeta” por parte de “tiránicos planificadores centrales de todo el mundo”.

Parte de la desinformación sobre el clima fue difundida por países como Rusia y China, que a menudo dirigen ese tipo de contenidos a partes del mundo donde pretenden ejercer influencia a costa de Estados Unidos y el resto de Occidente. El informe reveló que los medios de comunicación estatales rusos habían presentado los planes de reducción de emisiones como una forma de “imperialismo occidental” destinada a socavar el desarrollo del llamado sur global, o la parte meridional del mundo, que incluye algunos de los países más pobres y menos industrializados. (Los expertos afirman que el calentamiento global es una amenaza financiera para las naciones en desarrollo, que son más vulnerables a las perturbaciones del cambio climático a pesar de contribuir con una parte desproporcionadamente pequeña a las emisiones de gases de efecto invernadero).

La propaganda rusa en torno al cambio climático, que habitualmente minimiza y califica el fenómeno como exagerado o incluso positivo, se ha enredado cada vez más en la geopolítica. El país enmarcó las sanciones económicas en su contra después de su invasión a Ucrania como evidencia de la importancia de sus exportaciones de combustibles fósiles para mantener la seguridad energética global. La desinformación climática también figuró en una campaña en Brasil que promovió las opiniones de Aleksandr Dugin, un destacado defensor de las ambiciones imperiales de Rusia, según el Centro de Participación Global del Departamento de Estado de Estados Unidos.

Sin embargo, investigadores de Acción Climática contra la Desinformación descubrieron que la desinformación climática rusa era oportunista y, por tanto, inconsistente. El informe señaló que “las inversiones en combustibles fósiles en África fueron condenadas como intentos de robar los recursos del continente cuando estuvieron vinculadas a los países occidentales, pero aclamadas como defensoras del desarrollo económico cuando estaban relacionadas con Rusia”.

En China, la desinformación sobre el cambio climático tiene una larga historia, según un estudio realizado en mayo por Annie Lab, un proyecto de verificación de datos de la Universidad de Hong Kong. Durante años, los llamados a combatir el cambio climático fueron presentados en China como una herramienta utilizada por Occidente para frenar el crecimiento económico de China, en lugar de como un intento de abordar un problema global.

Incluso después de que China aceptó que era necesaria la acción internacional y acordó por primera vez en la COP15 en Copenhague en 2009 establecer objetivos para reducir las emisiones, la desinformación sobre el tema siguió siendo común en los medios chinos, escribió el proyecto.

Acción Climática contra la Desinformación también afirmó que el gigante petrolero estatal de China, la China National Petroleum Corporation, era una de las compañías energéticas internacionales que hacían afirmaciones engañosas sobre sus prácticas ambientales, una estrategia conocida como “greenwashing” o “lavado de imagen verde”. Los anuncios de la compañía, que a menudo estaban dirigidos a países de Asia y África, a veces utilizaban una táctica cada vez más popular que los investigadores llaman “nature-rinsing” (“enjuague de la naturaleza”): emplear imágenes de paisajes y escenarios en su mercadeo para crear una asociación falsa y más indulgente entre la naturaleza y los combustibles fósiles.

Un anuncio de Facebook de este año, cuya colocación, dijeron los investigadores, había costado entre 120 y 595 dólares y había llegado a un millón de visitantes, mostraba emojis de flores, un trabajador con un casco de obrero y un corazón verde.

“Con la llegada de la primavera, ¡disfrutemos de los hermosos campos de flores que cubren el campo petrolero!”, decía el anuncio.

Tiffany Hsu cubre casos de información errónea y desinformación y sus orígenes, movimientos y consecuencias. Ha sido periodista por más de dos décadas. Más de Tiffany Hsu

Steven Lee Myers cubre temas de desinformación para The New York Times. Ha trabajado en Washington, Moscú, Bagdad y Pekín, donde contribuyó a los artículos que ganaron el Premio Pulitzer por servicio público en 2021. También es autor de The New Tsar: The Rise and Reign of Vladimir Putin. Más de Steven Lee Myers






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